lunes, 22 de agosto de 2011

Amo.



Amo

Amo amanecer

Amo amanecer contigo

Tras un café corriendo al alba.
Tras las compras para el almuerzo.
Tras verte limpiar la cocina, sucia de sabores.
Tras la caricia peregrina, en tu piel desnudada de pretextos.
Tras trabajar juntos, frente a frente, separados por dos notebooks.
Tras una noche de versos, copas, literatura, vino, arte, conversaciones y amigos.
Tras una pelea a puñetazos, juntos, en un bar, borrachos, en contra de la estupidez de los humanos.

Amo amanecer contigo, adolorido y feliz.

lunes, 30 de mayo de 2011

Palestina


Sobre el polvo seco del callejón, dos pequeños pies morenos encaminaron sus pasos. Una frágil mano abierta se apoyó en la frescura calcárea de la pared. Otra morena mano cerrada contuvo su odio. Rabiosa, la mano cerrada se abrió y la piedra describió perfectamente una parábola en el aire. El niño alcanzó a escuchar un disparo antes de verse en el polvo, con una creciente mancha roja en el abdomen. الله – fue su última palabra. El soldado, con el fusil aún caliente en las manos, lo miró a los ojos, y exclamó – יהוה.


Gotas de condensación cubren la copa de fría cerveza. Una blanca mano se cierra sobre la copa tintineando el anillo de compromiso. Dos ojos enamorados buscan el uniforme empolvado del soldado entre la multitud del bar. Un par de ojos morenos, vestidos de negro luto, le devuelve una mirada de impotente rabia. En esa mirada ella lee su propia muerte, y grita – יהוה. El par de ojos enlutados sostiene la mirada por un instante eterno. La mujer de los ojos adoloridos aprieta el detonador del cinturón al mismo tiempo que grita – الله اكبر.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tres bellas damas.


Tres bellas damas coronadas
Reinas de la noche alba,
En una línea, como ofrenda,
Abiertas, entregadas, dadas,
Fueron transparente amargura,
Fueron frescura líquida,
Verde cuerpo, cabeza plateada,
Tomadas, las tres bellas damas.

sábado, 30 de abril de 2011

Mujer Alada


Mujer Alada que encumbras tus pasos,
Desnuda, cubierta de viejos barros,
Navegando, sola, entre copas y besos,
Adoquines tras adoquines, nocturnos,
Como alas, vuelan tus pies mojados.
¿Quién Eres?

Un gesto simple, frágil delicadeza,
Llevas la copa de tibio veneno,
A impúdicos labios rojos que nunca
Supieron decir mi nombre, ni tu nombre,
Pues sólo dijeron el de otro, invisible.
¿Mujer o Niña?

Algunos antecedentes de la causa;
Tu deliciosa cola de Demonio enredose
En otras manos, y en la huida fue cercenada.
Los agrios muñones de lo que fueron
tus alas de Ángel adornan hoy tu lomo.
¿Ángel o Demonio?

Enredada en el fuego, quemaste tus alas.
Hollín negro, en tu lomo, dejó la sombra
Del recuerdo, tatuada en la sudada piel.
Mis manos abiertas, se posan delicadas,
Memoria viva, para que vuelvas a volar.
¿Ángel Caído?

Muchas manos te vistieron de su frío lodo.
Otras, numerosas, sudorosas, desconyutaron
Tu cansada carne. Lenguas ágiles te lavaron
En alcohol mezclado con las grises cenizas
De tus cigarrillos. Yo sólo encendí el fósforo.
¿Demonio Subido?

Conociste cada adoquín, cada cáliz, cada espina,
cada hombre, cada veneno, cada esquina,
cada cosa imposible de conocer en la vida.
Tu febril carrera por ser, mujer, alada,
Te botó, sucia, desplumada, hermosa ante mi.
¿Mujer o Hembra?

Ardes, mujer, feliz luciérnaga de una noche.
¿Quién eres Alada Mujer?

jueves, 13 de enero de 2011

Sonrisa


La risa abunda en la boca de los tontos.
La sonrisa adorna los labios
de mi bella dama.

Labios de una boca que ama
por negra luna fueron míos.
Fueron míos sonrisas, caricias y besos...

Húmedas suavidades, negro beso, negra luna,
labios de salmón, existencias marinas;
fuimos tiernas sirenas.

Negras profundidades de tu dolor arañando un mañana.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un hijo, un árbol y un libro.


Muchos años atrás, el gran poeta cubano José Martí habría de decir que: "Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro". Tengo dos maravillosos hijos de los cuales estoy muy orgulloso. Grandes están dando pasos de universitarios a punto de emprender su propio vuelo. Como pater he adoptado más hijos, simbólicamente, en mi vida. He plantado muchos árboles, principalmente frutales, en varios jardines de por todo este mundo. También he escrito muchas cosas en mi vida, algunas han sido publicadas en la Web, en mi sitio o en uno de mis Blogs. Pero, y no es un pero menor, nunca había escrito un libro. Uno de esos de verdad, de papel, con tapa y contratapa. Faltaba eso.

Otro gran poeta cubano, don Silvio Rodríguez, cantaría un día;

¿Quién lo ayuda a ir al cielo?, por favor
¿Quién puede asegurarle la otra vida?
Apiádense del hombre que no tuvo
Ni hijo, ni árbol, ni libro

Un hijo, un árbol y un libro, pues en verdad se parecen. Y mucho. Todos parten con una pequeña semilla. Todos van creciendo con los años. Y todos dan frutos. Un hijo parte de una pequeñísima semilla de amor, va creciendo en largos años nutrido de ese mismo amor y termina por dar maravillosos frutos de amor retribuido, de logros y de nietos. Un árbol también parte con una semilla, crece por muchos años, lustros y décadas, primavera tras primavera, dando jugosos frutos de dulce goce. Un libro es lo mismo, parte con la inmaterial semilla de una idea, crece palabra tras palabra, frase tras frase, metáfora tras metáfora, página tras página, hasta cristalizar en un todo, materializarse en tinta sobre papel. Ese todo es portador de frutos etéreos de orgullo, satisfacción, logro, meta alcanzada, fama, además de los consabidos retornos económicos, ese exquisito eufemismo por el cochino, pero tan indispensable, dinero.

Claro está que los frutos son sólo la cosecha de incontables noches escribiendo, de solitarias madrugadas corrigiendo, de largos días frente a la hoja en blanco, anotando ideas o frases inconexas. El escribir es una maldición. En verdad os digo, es una gran maldición, pues no se llega cansado a casa después del trabajo a escribir por placer, sino porque es perentorio, ineludible, el arrancar un poco del alma para dejarla tirada en el papel en un vano afán de alcanzar un breve instante de sosiego. Se escribe porque se debe, obsesivamente, sacar lo que está dentro.

Sé quien pasó la vida maldiciendo
Recorriendo en silencio viejas calles
De mujer en mujer como un mendigo
Sin hijo, ni árbol, ni libro
Sin hijo, ni árbol, ni libro

¿Qué hacer con esas hojas de 刺身, sashimi, de alma propia? ¿Sazonar el 刺身 de alma propia con una buena porción de ワサビ, wasabi, comérsela y ponerse a llorar? Algunas personas amontonan cuadernos que nunca habrán de ser leídos por nadie, nunca. ¿Cuántos poemas anónimos habrán sido escritos para terminar como papel reciclado? ¿Cuántos poetas invisibles caminan nuestras calles? ¿Nuestras veredas? Felices duendes dueños de sus idioletras. Otras personas toman la hojarasca de sus noches en blanco y la difunden urbi et orbi empapelando el mundo con todo lo que excretaron en cuanta hoja se les cruzó en el camino. Cada cual su vida y cada cual su camino, 道, Tao en chino mandarín o Dō en japonés.

Mi 道 partió hace un par de décadas más o menos con esa entrañable manía de anotar las palabras y expresiones nuevas en sempiternas libretas de notas, esté donde esté, en el estado de intemperancia alcohólico que esté. Así se fueron juntando palabras, voces, expresiones, modismos, proverbios y frases anotados en libretas o en cualquier pedazo de papel al alcance. Adolezco, entre muchas otras, de la manía de ordenar lo que sea, cosa razonable para un computólogo como el que escribe, pero absolutamente insufrible en un ser humano. Sin embargo, gracias a esa manía, paulatinamente la cosecha de palabras fue ordenada en archivos (i.e. ficheros) temáticos. Pasó el tiempo, como suele pasar, hasta que un buen día la gente alrededor mío empezó a hablar en HTML de una cosa llamada la Web y así fue como en 1994 inicié el proceso de migrar los documentos a la Web. Como suele suceder con los grandes cambios culturales, estaba entrando de lleno en la era de la Web y de las publicaciones digitales sin darme siquiera cuenta. Ahora agregaba mis notas directamente a los documentos en la Web, según el azar de los viajes, de los aportes vía correo electrónico y de mis ratos libres.

El tiempo siguió pasando con su ritmo de lento río pausadamente escogiendo su rumbo, meandro tras meandro, y los documentos en la Web siguieron creciendo hasta llegar a convencerme de que su eventual materialidad se hacía ineludible. Uno de los documentos con mayor crecimiento fue el denominado Más X que Y (http://www.levieuxcoq.cl/Mas_X_que_Y.html) pues es el resultado de la recopilación sistemática de una expresión cultural muy propia a nuestros países.

Más X que YComo la recopilación de Más X que Y alcanzó una masa crítica innegable llegó el momento de llevarla a un soporte físico, siendo el papel un medio perfecto en un acto de un atavismo fulminante en estos digitalizados días. El usar piedra como soporte físico habría creado un producto de lo más duradero, ciertamente más impresionante y de seguro con una fuerte diferenciación competitiva, pero por motivos meramente de practicidad la piedra dejó de estar de moda entre los libreros hace como unos dos a tres milenios, por lo bajo. Claro está que el soporte en tabletas cuneiformes, papiros, quipus, pergaminos o memorias de ferrita también adolecen todos de problemas que varían entre el peso del medio mismo hasta las quejas de los corderos. Finalmente me decidí por el papel y el resultado está a la vista en el libro homónimo, el cual los bienaventurados lectores podrán encontrar y, sobretodo comprar, en Amazon.com para empezar, y quién sabe en qué otros sitios o librerías.

Los hombres sin historia son la historia
Grano a grano se forman largas playas
Y luego viene el viento y las revuelve
Borrando las pisadas y los nombres
Sin hijo, ni árbol, ni libro

Pero un libro es como un hijo en otro sentido; ambos son un verdadero parto. Ambos se deben parir, con dolor, con empuje, con mucho esfuerzo y con sangre. El tomar un documento publicado en la Web y pasarlo a formato de libro parecía ser una tarea relativamente simple. En la práctica, resultó un parto.

Para editar este libro partí tomando algunas decisiones. La primera fue de realizar la edición en una plataforma editorial que me asegurara una buena distribución mundial además de tener toda mi confianza. Esto básicamente limita la selección a CreateSpace, de la compañía Amazon.com, pues son el claro líder como librería virtual en Internet a nivel mundial. La segunda decisión fue la de asumir mi completa ignorancia en temas de ediciones de libros en el mundo físico, llevando a la conclusión obvia de pedir ayuda a quien sabe de estos menesteres. Justamente, mi buena amiga de tantos años, doña Coka Urzúa Piffaut, es una excelente diseñadora especialista en editar libros. Cándidamente asumimos que entre ambos teníamos las suficientes habilidades como para realizar la edición digital en CreateSpace, lo que resultó siendo cierto, pero no contamos con un claro dimensionamiento del tamaño de la empresa.

Quiero un día saber que un guardaparques
Se sentaba cansado en algún banco
Pobre hombre de arena, campesino
Borracho de las sombras de mi calle
Sin hijo, ni árbol, ni libro

En mi caso, por lo menos, tuve que preocuparme de los detalles de la portada, contraportada, introducción, prólogo, descripción, biografía y semejantes. Por suerte me acordé de don José Antonio Millán, quien en su benevolencia, había tenido la infinita gentileza de mencionar la recopilación de Más X que Y en uno de sus excelentes artículos; El mundo entero le saldrá al encuentro, lo que me dio el coraje de pedirle un prólogo, al cual accedió muy amablemente. Quizás lo que más nos dio dolores de cabeza fue el realizar el cambio mental entre un mundo en donde los textos fluyen (i.e. Flow) según el tamaño de los fonts y de la ventana del navegador a un mundo en donde eso está fijo en una página, o sea, pasar de un mundo en donde la metainformación acompaña al texto a uno en donde está implícita en la mente del lector. Muchas horas de revisión, y más revisiones, sirvieron a eliminar incontables pequeños errores de ortografía, de formato y ese tipo de detalles importantísimos. Largas discusiones sobre si tal palabra debía ir o no en itálica intercalaban las horas de minuciosa revisión. Después pasamos a la etapa de subir por un lado la tapa y por el otro el cuerpo del libro, en formato PDF, al sistema de edición de CreateSpace, en donde una mezcla de revisión automatizada y humana nos devolvían los archivos con alguna bizantina excusa técnica que tardábamos días en entender, para no decir descifrar. Tras unas tres iteraciones, los archivos con el libro fueron aprobados para su impresión en el sistema de Print-On-Demand (i.e. impresión a pedido).

Un momento de mucha emoción fue cuando pedimos una copia en papel del libro, llamada Proof, para así poder revisarlo en su fisicalidad y comprobar en el papel lo que funcionaba bien como electrones y fotones. Más días de espera hasta que llegó el libro en un anónimo y simple paquete por correo. Lo revisamos, celebramos y decidimos aprobar su publicación y distribución, con la simple acción de apretar un botón en una página Web. Dos días después el libro estaba en su propia página en Amazon.com. Declaré el éxito en la misión.

Díganlo todo un día alguna vez
Cuando no haya miserias y desastres
Apiádense del hombre que no tuvo
Ni hijo, ni árbol, ni libro

¿Qué aprendimos? Muchas cosas. Para empezar, debimos iterar más con el Proof y no sucumbir ante la impaciencia de ver el libro en un estante virtual. Se nos pasaron unos pocos errorcillos que con la cabeza fría y un par de idas y vueltas con el Proof habrían sido eliminadas antes de la edición. Aprendimos una infinidad de detalles técnicos muy largos de detallar aquí sobre el como pasar del medio Web al medio impreso, sobre el como usar la plataforma de CreateSpace, con todas sus idiosincrasias, sobre como configurar Amazon.com como autor y como editorial, para lograr cosas como Click-To-Look-Inside, por ejemplo. Pero, quizás lo que más aprendimos, fue que el tener el libro en su estante virtual es sólo el principio, pues hace falta lo más importante; la difusión. Más bien, hace falta un buen Plan de Difusión, de preferencia viral, para que se esparza la buena palabra de la existencia de este libro y de sus bondades terapéuticas. Básicamente, trabajo y más trabajo.

¿Cuáles son los pasos siguientes? Muchos, por suerte. Implantar el Plan de Difusión, conseguirse un Agente para España y los demás países de América Latina, mandar copias del libro a los bienaventurados críticos literarios, imprimirlo en Chile para distribuirlo en las librerías locales, publicar la versión en Kindle, empezar a trabajar en la segunda edición y mucho más... Pero, lo más importante es terminar la edición de los dos próximos libros en esta serie, el nunca tan bien ponderado Miccionario y el impresentable del Diccionario de Palabras Inventadas...

El que apretó una tuerca con acierto
El que dijo de pronto una palabra
El que no le importaba ser un hombre
Sin hijo, ni árbol, ni libro
Sin hijo, ni árbol, ni libro


jueves, 7 de octubre de 2010

Preparando el Tricentenario...

Se acabaron las fiestas del bicentenario, pues el dieciocho tuvo este año características apoteótisas por la pompa de las celebraciones oficiales y gargantuescas por la ingesta de alcohol a lo largo y tendido de este fin de semana largo. Ni hablaré de los pecados carnales perpetrados en tantas parrilladas a lo largo y alto del país.

Tuvimos un Desfile Militar particularmente lucido y una notable Revista Naval, los cuales mostraron los logros de la importante reorganización de las FF.AA. El Santiago del bicentenario es una ciudad moderna, con flamantes autopistas interurbanas, extensa red de ferrocarril metropolitano conectado por el Metrotrén con las ciudades suburbanas del sur, y hasta el tan vilipendiado Transantiago muestra signos de orden y modernidad. También se aprecia una pujante infraestructura y economía electrónica con los omnipresentes teléfonos celulares y cajeros automáticos hasta medios de pago tan usuales como las tarjetas de débito, Tarjeta bip! y Tags.

Chile como país está por lo general en un buen pie, con una transición a la democracia consolidada, con una economía exportadora estable, con un Estado con pocas deudas y moderno. El chileno promedio, es decir el de a pie, se siente optimista por su futuro. La clase dirigente habla de alcanzar la meta de ser un país desarrollado en unos diez años. Claro que no todo es perfecto, como bien atestigua el coeficiente de Gini, el sempiterno conflicto mapuche, los embates de la crisis externa y los efectos residuales del terremoto del 27 de febrero.

Pero, resumiendo, el bicentenario fue una tremenda fiesta, de un país moderno, en buen pie y celebrando. La resaca de las fiestas duró más de una semana, pero así debe ser una fiesta de verdad y como Dios manda.

En algún momento de la resaca me acordé del centenario, de sus fiestas, de sus desfiles, de la Revista Naval y de la situación general de Chile en 1910, quedando impresionado por las similitudes. En ambos momentos de la historia el país estaba relativamente bien económicamente, disfrutando de las exportaciones de su principal producto minero, el salitre en 1910 y el cobre en 2010. Santiago había sido remozado en ambas ocasiones para mostrarlo al mundo como una ciudad moderna, fiel reflejo de lo que pretendía ser el país. En ambos instantes las clases dirigentes festejaban su éxito financiero sin demasiada preocupación por los reclamos de los sectores más desposeídos. En el Chile de 1910 la clase dirigente y los sectores progresistas se creían reconciliados después de la breve pero intensa Guerra Civil de 1891, al igual que la clase dirigente y los sectores progresistas del 2010 dan todos por superada la cruel dictadura de ese anacronismo histórico en Chile de un caudillo militar. En efecto, la situación de Chile en 1910 y en 2010 es muy similar.

¿Será lo mismo para el tricentenario?

Nadie sabe cómo será el Chile del tricentenario. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en las similitudes entre el país de 1910 y el de 2010. El alegre optimismo de 1910, la Belle Époque, murió trágicamente en 1914 con la atroz carnicería de la Primera Guerra Mundial, con sus pavorosos gases de combate, la terrible Gran Depresión de los años 30 de la cual se salió con otra carnicería, llena de negras pesadillas de muerte industrializada, sólo para despertar anonadados en el medio de la Guerra Fría con su siempre presente Espada de Damocles nuclear.

Para Chile la crisis económica se inició cuando una Alemania bloqueada no pudo importar más el salitre e inventó los nitratos y fertilizantes artificiales en manos del famoso y nefasto químico don Fritz Haber, quién habría también de inventar los gases de combate, y quien fuera amigo íntimo y jefe de don Albert Einstein. Ambos eventualmente obtendrían un Premio Nobel. Chile entró en un marasmo económico, con sublevaciones de la Armada, revueltas varias y surtidas, gobiernos duros o directamente dictaduras, terminando con un anacrónico intento de caudillismo liderado por una derecha olvidadiza de su parlamentarismo eterno.

Tras dos aspirinas me pregunté, ¿qué nos depara este próximo siglo de vida independiente? ¿Más guerras mundiales, depresiones, crisis económicas, políticas? ¿Qué invenciones vendrán a destruir los mercados exportadores? ¿Estamos como país preparados? Sólo cuatro años separaron el optimismo de la Belle Époque, de ese largo siglo lleno de optimismo decimonónico, con la dura realidad de las ametralladoras de 1914.

Quizás esta vez sería bueno prepararse de verdad para el próximo siglo de vida... ¿No?

Les dejo la inquietud...

blogger templates | Make Money Online