domingo, 1 de septiembre de 2013
Instrucciones para encontrar el amor de su vida.
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lunes, 8 de julio de 2013
Doble ciego
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viernes, 25 de noviembre de 2011
Violencia de Género
Tiene que parecer un accidente – pensó Pedro – un accidente perfectamente accidental – mientras veía en su mente los duros ojos de María. Los últimos años habían sido malos. Sólo peleas entre ellos. Malos trabajos con muchas horas y poco para llevar a casa. Llegaba tarde. Muy cansado. Pero no alcanzaba. No alcanzaba a jugar con sus hijos, ni a educarlos, ni siquiera a alimentarlos bien. Eres un fracasado – le había espetado María una de esas tantas noches de recriminaciones. Sin saberlo, ella le había dado la idea – ¿Para qué seguir pagando ese seguro de vida? No fracasaré – pensó mientras aceleraba fuertemente.
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domingo, 1 de noviembre de 2009
Regulemos el matrimonio... ¿homosexual o heterosexual?
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- Monogamia cerrada entre dos personas de cualquier sexo
- Poliginia abierta y declarada, o sea, un hombre con más de una mujer amancebados bajo el mismo techo.
- Poliginia funcional, lo mismo que el anterior, pero con cada mujer en su propia casa, tal como suele usarse en la mayor parte de América Latina.
- Poliandria abierta y declarada, o sea, una mujer con más de un hombre amancebados bajo el mismo techo.
- Poliandria funcional, lo mismo que el anterior, pero con cada hombre en su propia casa.
- Monogamia abierta entre dos personas de cualquier sexo. En el caso de la monogamia abierta, tenemos a su vez tres tipos de matrimonios;
- Monogamia abierta con tríos eventuales y casuales, en los cuales la pareja, por turno, invita a un tercero a participar de los juegos de adultos en una cama.
- Monogamia abierta y transparente en la cual cada miembro tiene el permiso de tener relaciones ocasionales con la única condición de siempre contar los detalles a la vuelta al hogar.
- Monogamia abierta y opaca en la cual, si bien el permiso para tener relaciones ocasionales es explícito, nadie cuenta nada bajo la premisa de que "ojos que no ven, corazón que no siente".
- Ménage à trois en el cual tres personas del sexo que sean conviven amancebados bajo un mismo techo.

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sábado, 4 de octubre de 2008
Esa fue mi vida. Fue una buena vida.

Una de las pocas cosas que he aprendido en mi vida
es que la felicidad es un camino y no un objetivo.
Cuando caminas, sola, siempre sola, por la ribera
de playa que es tu vida vas encontrando pequeños
instantes de felicidad como quien encuentra una
concha tirada en la arena, un pedazo de vidrio roto
laboriosamente pulido por el mar en un destello de
suave belleza, el breve instante del vuelo de un
pájaro cuya mirada cruza la tuya. Recoges cada concha,
cada piedra, cada instante, puros, bellos, y los
ensortijas para hacerte un collar. Las cuentas de
ese collar son tu vida.
Enarbolando ese collar sobre tus pechos de mujer
que sabe dar amor pones pie ante pie y caminas,
descalza, sintiendo la arena acariciarlos,
el ciclo de las mareas besarlos y las tempestades
desafiantes azotarlos. Y en todo encuentras la
belleza y la paz.
Y cuando llega la noche, como siempre llega, a tu
ribera, tomas tu largo collar en tus manos y mediante
el sutil conjuro de tus dedos, de tus manos, llamas al
recuerdo cada una de las cuentas de tu vida y dices;
"Esa fue mi vida. Fue una buena vida".
sábado, 6 de septiembre de 2008
El Espejo Roto
Era tarde. Muy tarde. Pasada la una de la mañana. Mientras bajaba el ascensor desde el piso 25 de la Torre Catalina me miré al espejo. Me ví cansado. Me ví despeinado, con la corbata a un lado, el cuello de la camisa desabotonado, el terno arrugado y el bolso con el laptop colgando. Demasiado tarde para cenar. No porque en Buenos Aires fuese tarde para cenar sino porque yo ya no tenía más hambre. Me alcanzaban las fuerzas sólo para irme a echar a la cama. Mañana tendría que llegar a las siete a la oficina para terminar este puto informe de ventas para mi jefe. No es que no tuviera los datos de las ventas del trimestre. Lo que no tenía eran ventas en el trimestre. Y menos explicaciones de porque no andaban bien las ventas.
El guardia me abrió la puerta a la calle, con esa mirada muda de siempre. Debe de preguntarse qué tipo de chilenito pelotudo soy laburando tan tarde. Otra vez laburando tarde. Por cierto, era como siempre el último en salir de este puto edificio. Mientras caminaba por la calle respirando algo del aire que el viento traía, me pregunté; ¿salir más temprano para ir dónde? ¿a qué? Claro, a la pieza del Sheraton, ese que está frente a la Torre de los Ingleses. Como todos los días de todas las semanas de este año. Una mísera pieza de hotelucho a tres cuadras del laburo.
Distraídamente ví varios pósters de conciertos en una detención de bondi. Los Bee Gees. Silvio Rodríguez. Eso sería algo más entretenido que tratar de inventar ventas cuando los clientes no quieren comprar y los distribuidores no quieren vender. Mañana mi jefe me iba a recagar a pedos. Una vez más. ¿Cómo diablos no podía haber algo más que hacer en Buenos Aires de noche? ¿Cómo merda estaba en esto? Y bueno, en Santiago tampoco tenía nada que hacer de noche. Tres años ya que me había separado. Tres años grises dedicados a una pega de mierda.
Llegué al lobby del hotel, lleno de gente, aún tarde. Esperé un rato un ascensor y me subí. La misma cara cansada me miró en el espejo. Detrás mío entró un señor chico, pelado, con jeans azules, una camisa blanca abierta en el cuello y una cara de puto turista. Se veía contento, relajado, sonriente. No me miró siquiera. Lo ignoré con mi mejor cara de ejecutivo mientras pensaba en qué chamuyo tendría que contar mañana.
Quedé helado. Incómodo. Ese señor conmigo en el ascensor era Silvio Rodríguez. Tardé en reconocerlo. En el colegio había cantado todas sus canciones. Me las sabía de memoria. Casi todos los recreos alguien guitarreaba y el resto cantábamos sus canciones. Era mi ídolo de adolescente. Él me había inspirado en mis sueños. Veinte años después estaba frente a mí. En persona. Pero, yo ya no tenía nada que decirle. Yo era otro. Era otro. Sin mis sueños.

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martes, 2 de septiembre de 2008
Sin rastros visibles
Los pasos descalzos salieron de la habitación con una calma inusual. Enrumbaron hacia la cocina con el ritmo pausado de quien está caminado por el seguro sendero de su destino. El celular recién cerrado acompañaba una mano también cerrada. Otra mano, abierta, abrió el refrigerador, sacó el cartón de leche, descremada, y lo llevó a la boca.
La leche se inmiscuyó entre los labios, rodeó la lengua, bajó por su garganta y sólo se detuvo en el fondo de la sed del estómago. La mano abierta botó la caja de leche vacía en el basurero con un gesto tan altivo como certero. El mentón dejó pasar una gota de leche rebelde en su frenética carrera terminal hacia una fría baldosa del piso. El celular cerrado en la mano cerrada estremeció el instante final de la gota de leche en la fría baldosa del piso.
Rabiosa, la mano cerrada se abrió, y el celular describió una perfecta parábola por el aire de la cocina. Pero no entró en el basurero. Terminó estrellado en el piso de frías baldosas convertido en varias piezas más o menos reconocibles.Con la calma del abandono las dos manos abiertas cayeron sobres los pies descalzos, frente a la estrellada gota de leche. Manos y pies, helados, desnudos, miraron como gotas saladas morían alrededor de una solitaria gota de leche estrellada en el frío plano de una baldosa de cocina. Gotas saladas cayeron y cayeron lejos de las piezas esparcidas del rompecabezas que había sido un celular. Un celular que no recibirá más llamadas de él.
Las piezas esparcidas del rompecabezas de la memoria que nunca habrán de calzar. Con el tiempo la sal de las gotas formó un charco que absorbió la solitaria leche. Las dos manos abiertas se alzaron. Los pasos salieron de la habitación con una calma inusual.
La mañana siguiente sólo quedaría un tenue rastro de sal seca sobre las baldosas frente al refrigerador.
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