lunes, 30 de mayo de 2011
Palestina
Sobre el polvo seco del callejón, dos pequeños pies morenos encaminaron sus pasos. Una frágil mano abierta se apoyó en la frescura calcárea de la pared. Otra morena mano cerrada contuvo su odio. Rabiosa, la mano cerrada se abrió y la piedra describió perfectamente una parábola en el aire. El niño alcanzó a escuchar un disparo antes de verse en el polvo, con una creciente mancha roja en el abdomen. الله – fue su última palabra. El soldado, con el fusil aún caliente en las manos, lo miró a los ojos, y exclamó – יהוה.
Gotas de condensación cubren la copa de fría cerveza. Una blanca mano se cierra sobre la copa tintineando el anillo de compromiso. Dos ojos enamorados buscan el uniforme empolvado del soldado entre la multitud del bar. Un par de ojos morenos, vestidos de negro luto, le devuelve una mirada de impotente rabia. En esa mirada ella lee su propia muerte, y grita – יהוה. El par de ojos enlutados sostiene la mirada por un instante eterno. La mujer de los ojos adoloridos aprieta el detonador del cinturón al mismo tiempo que grita – الله اكبر.
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sábado, 30 de abril de 2011
Mujer Alada
Mujer Alada que encumbras tus pasos,
Desnuda, cubierta de viejos barros,
Navegando, sola, entre copas y besos,
Adoquines tras adoquines, nocturnos,
Como alas, vuelan tus pies mojados.
¿Quién Eres?
Un gesto simple, frágil delicadeza,
Llevas la copa de tibio veneno,
A impúdicos labios rojos que nunca
Supieron decir mi nombre, ni tu nombre,
Pues sólo dijeron el de otro, invisible.
¿Mujer o Niña?
Algunos antecedentes de la causa;
Tu deliciosa cola de Demonio enredose
En otras manos, y en la huida fue cercenada.
Los agrios muñones de lo que fueron
tus alas de Ángel adornan hoy tu lomo.
¿Ángel o Demonio?
Enredada en el fuego, quemaste tus alas.
Hollín negro, en tu lomo, dejó la sombra
Del recuerdo, tatuada en la sudada piel.
Mis manos abiertas, se posan delicadas,
Memoria viva, para que vuelvas a volar.
¿Ángel Caído?
Muchas manos te vistieron de su frío lodo.
Otras, numerosas, sudorosas, desconyutaron
Tu cansada carne. Lenguas ágiles te lavaron
En alcohol mezclado con las grises cenizas
De tus cigarrillos. Yo sólo encendí el fósforo.
¿Demonio Subido?
Conociste cada adoquín, cada cáliz, cada espina,
cada hombre, cada veneno, cada esquina,
cada cosa imposible de conocer en la vida.
Tu febril carrera por ser, mujer, alada,
Te botó, sucia, desplumada, hermosa ante mi.
¿Mujer o Hembra?
Ardes, mujer, feliz luciérnaga de una noche.
¿Quién eres Alada Mujer?
viernes, 9 de octubre de 2009
Mujer gozadora
Mujer... sola estás... frente a mi.
Desnuda estás... frente a mi.
Húmeda estás... frente a mi.
Estás llena de fuego...
Esperando que te llene;
De mi dureza, de mis sabores,
De mis golpes, de caderas,
De mis fuerzas, en tus carnes,
De mis fluidos, en tus recovecos...
De hembra gozadora.
Gozadora hembra...
Serás desierto de piel seca que...
Cubriré de caricias, besos, lengua,
Sexo, fluidos, olores...
Serás piel en la cual habré de
Escribir épicas odiseas...
Audaces exploraciones...
Asaltos sin piedad...
Quedarán escritos...
Por mis manos, por mis labios,
Por mi lengua, por mi sexo,
Gordo, grande, duro...
En tu piel...
En tu piel...
De esclava, capturada,
Sumisa, dominada,
Tomada....
Usada...
Gozada...
Serás puerto... donde cobijaré...
Besos, caricias,
Deseos, violaciones,
Suspiros, cansancios,
Ultrajes, redención,
Serás... puerto... mujer...
En donde me cobijaré...
Serás montañas... sobre cuyos...
Pezones pondré...
Mis penas, besos...
Mis dolores, lengua...
Mi semen, como blanca...
Nieve...
Serás almohada... sobre quien...
Descansaré...
Recuperaré...
Mis fuerzas, mis energías...
Para, nuevamente,
Poseerte...
Sin misericordia, sin despertarte,
Sin permiso, sin juicio,
Como lo mereces...
De noche, tendida, muda,
Abierta, entregada a la nada...
A todo...
Más allá de tu estima...
Más allá de aquello...
Y así, volver a ver...
Tu cuerpecito...
Usado.
Tomado.
Gozado.
Sucio.
De mi, de mis fluidos,
De mis olores, de mis sales,
De mi vino, de mi sexo.
Verlo a la luz de las velas...
Verlo más allá del pudor...
Atado a mi lecho...
Atado al olvido...
Arado a mi.
Y así, volver al principio...
Volver, a violarte,
Otra vez...
Gozadora mujer...
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domingo, 12 de abril de 2009
Mujer Elemental.

Diáfana mujer elemental de mis
Sueños, soñados en blancas noches, sin
Tu cuerpo en mis sábanas vacías,
Buscándote estoy en el aire afín,
Éter ausente, entre nubes de hachís.
Respiración como el viento bajo
Mis alas, un alegre soplo de vida,
Que entregas, libre, toda, en suspiros,
Elegante mariposa distraída,
Viento, dulce sostén de mi trabajo.
Navegaré duro el mar de tu sudor.
Nadaré todo lo profundo de tu ser.
Beberé el rojo sabor de tu sangre.
Tomaré tu sal hasta el anochecer.
Bucearé en ti buscado tu ardor.
Caminante eterno sobre tu piel
Toda seca de caricias y besos.
Escalador intrépido de tu dura
Orografía. Geólogo de huesos
Tuyos a explorar hasta el capitel.
Me quemaré en ardientes entrañas.
Seré un chicharrón bajo tu mirada.
Gritaré mi mudo dolor al viento
De tu indiferencia abrazada.
Haré nubes de mis quemadas pestañas.
Nubes, humo, en el infinito éter,
Te busco sin encontrarte, sin hallarte,
Sin consuelo ni pulcras esperanzas.
Habré de ir al mercado a comprarte
Para así intentar tenerte, mujer.
sábado, 4 de octubre de 2008
Esa fue mi vida. Fue una buena vida.

Una de las pocas cosas que he aprendido en mi vida
es que la felicidad es un camino y no un objetivo.
Cuando caminas, sola, siempre sola, por la ribera
de playa que es tu vida vas encontrando pequeños
instantes de felicidad como quien encuentra una
concha tirada en la arena, un pedazo de vidrio roto
laboriosamente pulido por el mar en un destello de
suave belleza, el breve instante del vuelo de un
pájaro cuya mirada cruza la tuya. Recoges cada concha,
cada piedra, cada instante, puros, bellos, y los
ensortijas para hacerte un collar. Las cuentas de
ese collar son tu vida.
Enarbolando ese collar sobre tus pechos de mujer
que sabe dar amor pones pie ante pie y caminas,
descalza, sintiendo la arena acariciarlos,
el ciclo de las mareas besarlos y las tempestades
desafiantes azotarlos. Y en todo encuentras la
belleza y la paz.
Y cuando llega la noche, como siempre llega, a tu
ribera, tomas tu largo collar en tus manos y mediante
el sutil conjuro de tus dedos, de tus manos, llamas al
recuerdo cada una de las cuentas de tu vida y dices;
"Esa fue mi vida. Fue una buena vida".




